Por Diana Barrera

El callejón de las almas perdidas (Nightmare alley), es una película de suspenso psicológico dirigida por Guillermo del Toro, basada en la novela del mismo nombre de William Lindsay Gresham (1946).

La película se centra en la vida de Stanton Carlisle (Bradley Cooper), un ambicioso feriante que aprende actos de magia de una vidente (Toni Collete) y un mentalista (David Strathairn) en un circo, de los cuales se beneficia sacando sus peores demonios.

Guiado por su ambición y arrogancia lleva al límite a Molly (Rooney Mara), otra feriante que escapa con él, para tener un mejor futuro; sin embargo, gracias a la ambición de Stan, caen en una frontera entre la verdad y la mentira al lado de una misteriosa y corrupta psiquiatra la Dra. Lilith Ritter (Cate Blanchett), que demuestra ser tan peligrosa como él.

Cabe destacar que la novela ya había sido llevada al cine anteriormente en una cinta homónima, dirigida por Edmund Goulding e interpretada por Tyrone Power, Joan Blondell y Coleen Gray como protagonistas; esto a un año de la publicación del libro (1947).

Sin embargo, Del Toro, junto con Kim Morgan, agregó algunos elementos a esta nueva versión, para que así resultara un poco más fiel en cuanto a trama, ya que Del Toro conversó con Morgan que es una gran estudiosa del género:

“Lo último que quiero hacer es un clásico del cine negro, quiero volver sobre el material original para tratar de recuperar parte de esos elementos freudianos, junguianos y de alguna manera surrealistas del libro.”

Guillermo del Toro

En el caso de algunos temas relacionados con el adulterio, el aborto y la violencia, aunque no hay nada muy explícito. Nightmare alley, la novela escrita por Gresham, está basada en una experiencia que le contaron cuando trabajó como voluntario en la Guerra Civil Española.

Alguien le habló sobre una atracción de feria llamada ‘el monstruo’, un borracho que aceptaba devorar serpientes y pollos vivos que le arrojaban para conseguir unos tragos más. Según una cita en la introducción del libro, el autor menciona que “la historia del monstruo me obsesionó. Al final, para librarme de ella tuve que escribirla. La novela, de la cual fue la base, pareció horrorizar a los lectores tanto como me horrorizó a mí la historia original”.

Para esta versión, Guillermo Del Toro decidió mantener el elemento catalogado de horror en su historia: el monstruo devora gallinas para entretenimiento de los visitantes a la feria, que más bien se ríen del hombre, como si fuera una bestia actuando en un circo, sin embargo, “el monstruo” no es más que un alcohólico obligado por su condición a aceptar el trabajo más denigrante y grotesco con tal de poder seguir tomando.

La película del cineasta mexicano mantiene el alcohol como un elemento clave en el desarrollo de la historia, pues muchos de los personajes tienen una relación compleja con la bebida que al final los termina llevando por caminos catastróficos, el poder nocivo del alcohol permite mostrar las peores consecuencias que este deja.

La historia desarrollada por Del Toro, no decepciona, mantiene el suspenso y lo grotesco muy presente, como en todos sus filmes, sin embargo, este filme está considerado por algunos críticos como la cinta más lúgubre que ha realizado el cineasta mexicano, pues películas como El laberinto del fauno o La forma del agua, recuperan elementos más fantásticos.

Y es que, aunque en esta cinta, sigue existiendo el elemento ‘monstruoso’: no es un animal, un fenómeno o un personaje fantástico, más bien, se refiere a él como el propio humano, que no necesita más que sus acciones para demostrar que el verdadero monstruo es uno mismo.

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