Por Daniela Valerio

La adrenalina, los latidos de nuestro corazón, la respiración agitada… todo por el triunfo. Es una imagen que muchos entendemos y que todos hemos visto en partidos, peleas, competencias y torneos donde la ambición de cada deportista es probada y desafiada para demostrar que son los mejores.

Sin embargo, en muchas ocasiones estos desafíos tan efímeros son solo una pequeña parte de la historia de cada deportista que de no ser contadas se quedarán únicamente en el juego, historias que el séptimo arte ha retomado convirtiéndose en el hogar de todos estos maravillosos relatos que muestran la dedicación y ambición de cada uno que se atreve a buscar el oro.

El cine deportivo es parte de un lugar especial en la gran pantalla, es el relato de los sacrificios, el dolor y el esfuerzo que cada atleta apuesta al competir y desafiarse a sí mismos, poniendo de por medio no solo una victoria, sino el deseo de convertirse en los mejores.

Ya sea individualmente o en equipo, en el cuadrilátero o en la pista, en la cancha o en la alberca, no podemos evitar sentirnos entusiasmados por estos filmes que muestran el verdadero espíritu de la competencia y la ambición deportiva con un mundo lleno de energía, mostrándonos historias que llevan la contienda fuera de los campeonatos.

Las películas deportivas han sido un género en constante crecimiento, desde los filmes de Chaplin en un cuadrilátero, hasta los impactos en la cultura popular de películas como Karate Kid (Avildsen J. 1984), un joven que encuentra en el deporte una motivación y una fuente de seguridad, confianza e incluso un maestro no solo en artes marciales. sino en las encrucijadas de su vida.

Un filme que nos lleva al torneo de un atleta que desea triunfar, un deportista que desea ser el mejor, un luchador que a pesar de sus heridas decide seguir luchando.

Todo esto compaginado con la historia de un joven que decidió levantar sus brazos y no soportar los abusos de otros; encontramos un coming of age en un muchacho  que encontró en el deporte una forma de luchar contra los desafíos de la vida, no solo revelando la otra cara de la disciplina, sino la magia de una cinta deportiva; esa ambición, esa adrenalina, ese deseo de convertirse en el mejor de todos.

Esto pasa de manera similar a la saga de un atleta cuyo destino estaba en su propia contra, Rocky (Avildsen J. 1976), mostrando de manera singular el camino de un atleta que pierde, que es derrotado y que decide seguir alzando los brazos, seguir pidiendo un round más, recordándonos que a veces las peleas más difíciles son debajo del ring.

El protagonista logra mantener esa determinación que convierte el dolor, enojo y miedos en disciplina, energía y fuerza para seguir luchando.

Aún con todo esto, dentro del deporte no existe únicamente la gloria y la ambición, a veces esa presión y ese deseo de triunfar es lo que nos puede destruir.

Ejemplo de ello lo demuestra Ícaro (Fogel B. 2017), una producción que pone los escenarios más oscuros en los que podemos caer en nuestra búsqueda de un triunfo que al final siempre se queda vacío.

Este filme nos muestra el mundo más oscuro dentro del deporte, aquel donde el crecimiento personal y la disciplina deja de importar cuando lo único que existe es el triunfo, la ambición y la persecución de una victoria vacía.

Con cada minuto que pasa, la cinta nos muestra un mundo en el que se ha perdido toda la integridad del deporte y el sentido de una competencia justa, mientras la corrupción y algunas prácticas cuestionables toman auge en el mundo del deporte.

Ese espacio aparentemente tan separado del resto de la realidad se convierte en una persecución protagonizada por algunas de las figuras más importantes de la política mundial, mostrando que este tipo de cine es mucho más que competencias y medallas.

El cine deportivo es una historia de sufrimiento, disciplina y sacrificio en el nombre de una victoria, tanto dentro como fuera de la competencia, un triunfo medallista y una victoria de vida.

Una victoria con nosotros mismos, con nuestros miedos, probando una vez más que este género es mucho más que una competencia, el cine deportivo son experiencias, son anécdotas, son triunfos y derrotas, son aprendizaje y, aún más valioso, determinación.

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