Por Daniela Valerio

Somos complicados y las relaciones lo son aún más, luchamos por encajar, por encontrar un lugar, por ser aceptados y comprendidos por aquellos que llenan las oficinas, los salones e incluso las calles que frecuentamos.

Es en esta lucha incesante de igualdad y amor que podemos llegar a perder aquello que nos hace únicos, aquello que nos hace maravillosos y lo dejamos perdido, olvidado y en secreto para no ser distintos a las miradas y palabras de quien no lo acepta, pero ¿hasta cuándo podemos sacrificar nuestra forma de amar, de sentir y de vivir para no ser excluidos?

Hemos cambiado, el miedo se ha transformado en orgullo y el temor ha sido remplazado por amor y, así como la comunidad LGBT+ y su movimiento, el cine no es ninguna excepción, pues desde el inicio se ha convertido en una nueva forma de expresión, de rebeldía e incluso de resistencia.

La pantalla grande ha permitido que millones vean el mundo a través de los ojos de aquellos que viven en banderas de arcoíris y noches brillantes, de aquellos que han sufrido persecuciones por atreverse a amar, a vivir sin máscaras; todas esas personas valientes han encontrado un lugar especial en cintas como La jaula de las locas (Édouard Molinaro, 1978), adaptada de la obra teatral homónima.

Este filme captura la dualidad que viven muchos miembros de la comunidad LGBT+, algunos siendo capaces de enorgullecerse de quienes son, mientras que otros son perseguidos y obligados a ocultarse, todo a través de un irreverente sentido del humor que se nos presenta un hermoso mensaje de aceptación y empoderamiento para cualquier miembro de esta comunidad, mostrando que la desaprobación de otros jamás será tan doloroso como el perder la identidad propia y vivir una mentira.

En ocasiones el mundo puede ser un lugar muy oscuro y doloroso que amenaza con arrebatarnos nuestra inocencia, nuestra motivación y deseos de seguir avanzando; en ocasiones, gritar al mundo quiénes somos no es tan sencillo.

El filme Luz de luna (Barry Jenkins, 2016), tanto cautivador como desgarrador, nos relata una historia que, tristemente, se repite demasiado alrededor del mundo con cada día que pasa. Una historia de dolor, abuso y ataques por nuestras diferencias que destruyen la inocencia y acaban con la esencia de quienes los sufren.

Una historia donde la vida no siempre resulta como esperamos y en la que incluso en los momentos más oscuros y desgarradores tenemos siempre la decisión de seguir escondiéndonos o romper el silencio y luchar por quienes deseamos ser.

Sin embargo, a veces no basta con que el mundo acepte nuestra identidad, a veces es la atracción, el amor y aquellos sentimientos complicados los que lastiman los rincones más profundos de nuestro corazón, nos hacen sentir vulnerables, nos hacen temer el rechazo de aquellos que esperamos sientan lo mismo por nosotros.

Como el amor secreto y semi triángulo amoroso de Si supieras (Alice Wu, 2020), mostrando esos confusos, complicados y aterradores sentimientos que pueden ser rechazados en cualquier instante, demostrando que cada persona es complicada pero las relaciones, el amor y el dolor lo hacen todo aún más difícil.

Durante cada minuto y toma del filme se nos presenta de manera cruda un amor que parece incomprendido, un amor que se mantiene en secreto y lastima el corazón de aquellos que lo viven, mientras de manera simultánea se plasma una historia de empoderamiento y aceptación propia donde si no logramos entender nuestra forma de amar no podremos ser amados como merecemos.

Sin importar como amemos, lo que amamos o quienes seamos, este mes, este año y cada momento de nuestra vida debe ser un día de orgullo por nuestra esencia y por esa vida envuelta en una bandera de arcoíris, sueños y magia.

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