Por Martín Félix

Siempre será plausible y de agradecer la forma en la que el cine en compañía de otras artes se atreven a adentrarse sobre temas que para algunos aún siguen siendo quisquillosos o prohibidos. A través de estas representaciones podemos romper cuadrados y barreras que nos permiten conocernos un poco más a fondo, razonar la propia construcción afectiva que nos caracteriza y cada una de las partes que la conforman. 

Venus, confesiones desnudas es un documental que sin mayor prisa nos acercan a las esquelas donde se fraguan los cuestionamientos que dan vida a su intención. Aquellas incógnitas, dudas y ansiedades embarcadas con serenidad propiciando una profunda e igualmente ávida exploración sobre el sexo y sus matices más prominentes desde el punto de vista femenino.

Mette Carla Albrechtsen y Lea Glob nos proponen un material sumamente elocuente que no solo compagina el testimonio de mujeres, sino que también plasma sus retratos más íntimos y sentimientos más fervientes en un tono muy puro. Desenvolviendo de a poco los razonamientos, ideas y sensaciones que nos llevan a conocer el amplio panorama de la sexualidad, sus valoraciones e interpretaciones por medio de las francas palabras que nos regalan sus participantes. 

Un verso sobre la fascinación, el deseo y los juicios de valor que van desde el alumbramiento sexual hasta la observación de pensamientos generacionales hacia la búsqueda de relaciones carnales como mero generador de estatus y respeto. Ejes que también muestran las ambivalencias sobre el placer y la destrucción como titanes que chocan entre sí en esa delgada línea. 

Yendo de forma escalonada para tocar aristas con respecto a la timidez, el miedo, las complacencias y limitantes alrededor del sexo. Sacando a flote vivencias grises y otras más coloridas producto de las distintas conductas apáticas o de mucho apasionamiento en la intimidad, logrando consigo romper cuasi tabús que hablan de la devoción, las fantasías, los fetiches, anhelos y perseverancias que refuerzan o destruyen las bases de una relación en cualquiera de sus aspectos. 

Vislumbrando así tras su acentuado recorrido los núcleos particulares y colectivos de la creación de una personalidad sexual, moral e íntima para con la sociedad. Esa fusión labrada luego de repercusiones, aciertos, goces y disgustos traídos por el manejo, conservación o detone de sus fibras mentales y corporales.

Con el que llegamos a un punto mucho más afectivo, eclipsada por la tan natural forma de reconocerse a sí mismas en una muestra de amor propio, de alta autoestima y muchísima dignidad que se cimbran en un llanto, en una sonrisa o una mirada que dejan de lado los sinsabores y toda aquella ingrata sensación. 

Hay que decir que este complejo se logra gracias al tacto de sus directoras, alcanzando construir lazos de confianza para capturar semblantes completamente sinceros y auténticos además de su misión clara por recaudar las verdaderas siluetas interiores de cada mujer que participa. Lo sencillo de su cámara, de su montaje y fotografía se ve compensado por su espeso contenido; destacando las palpables notas musicales de Ola Kvernberg para entregarnos un cierre majestuoso tanto como reflexivo. 

Siendo la partitura con la que culmina este metraje, en una conexión engrosada en la empatía, la madurez y la paz interior. Enmarcando los delicados contornos concebidos con el paso del tiempo. Divina figura que simplemente es la definición de belleza en su sentido más hermoso bajo la expresión humana de ser el verdadero complemento de la vida. 

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