Por Martín Felix

El aroma a desolación inunda cada rincón de las pocas ciudades en pie, su aspecto demacrado dentro de la corteza urbana recalca la incertidumbre por el paso del tiempo.

Las intenciones ruines impulsadas por la represión abundan por doquier, las pocas cosas iluminantes de alegría a este plano comienzan a desaparecer lentamente. A pasos agigantados, una densa capa nebulosa quita el brillo a sus individuos que intentan sobrevivir tratando de dar algo de paz al resto de sus vidas. 

La obra de Cuarón emana concisamente tras la solapa de grises, enmarcado de suaves contornos negros. Vislumbra a través de la lente el panorama caótico de la vida apocalíptica, modelando sus principales testigos y delineando los bordes de una extinción próxima con aventura catastrófica y atrevida, pero, a su vez, con la suficiente decencia para no dejarla caer llevándola por buen rumbo.

Fija inteligentemente los hilos conceptuales a los que se somete la narrativa, con respuestas prontas para centrar fuertemente la atención a su eje de atracción, evitando algunas posibles cuestiones fuera de lugar.

Children Of Men se sumerge en la introspección del núcleo social, sus complicaciones, contratiempos y severos roces culpables de su pronta desintegración.

Exhibe con firmeza los atípicos desenlaces para las masas que, bien podrían tomarse descabellados, pero, están infestados de raíces similares en las aptitudes y actitudes de la colectividad en las últimas décadas.

La particular caída de la estabilidad entre sus individuos cuando éstos pierden su esencia, balance y equilibrio; reafirmando nuestra propia debilidad, al mismo tiempo de la meditación de ser seres distantes a la evolución, encaminados a deteriorarse velozmente. 

Manifiesta la exuberante soberbia preponderante en el hombre, conducto por el cual, lo ha llevado a ser su propio enemigo, encerrándose en una jaula como consecuencia de sus ambiciones y visiones egoístas, a la gesta de la guerra constante y el vaivén de las balas percutidas por el odio a niveles altísimos.

Dando paso a la anarquía, la violencia, desigualdad, apatía y deformación de los valores básicos de la humanidad. Pero, a su vez, coloca un fuerte contra peso, usando la esperanza misma de la vida como ícono inquebrantable del devenir tanto individual, como colectivo; la fe de guía ciega prometedora de bienestar, de ese pequeño bastión cargado del significado a restablecer el tejido social. 

Este balance edifica un álgido punto de los sucesos reflejados, develando el arduo sacrificio adherido a la esperanza, el largo y tormentoso viaje a emprender. La identificación sentimental de los problemas de otros como los nuestros, elevando la empatía para combatir y defender por lo que se cree, es un bien común, retribuyendo el retoño de los principios morales humanísticos. 

Dentro de lo técnico, esta obra ameniza de buena forma con un cóctel estético, asentando los niveles propios del desarrollo. Una cámara en mano bastante coqueta, creando sensaciones vívidas y de alerta muy dignas del comportamiento situacional del filme.

La manera de acentuar algunos planos secuencia bastante definidos y técnicamente cuidados nos entromete en el momento emocional, con gratas alternancias a los enfoques cercanos a sus personajes y a la visión estremecedora que los absorbe. 

Cabalgando por un dinámico montaje hecho por el mismo Cuarón en compañía del editor Álex Rodríguez, viejo conocido del cineasta. A sumarse la excelsa dirección de fotografía de Emmanuel Lubezki; penetrante al ojo, de tonalidades frías y vacíos oscuros dando una atmósfera emblemática digna de reconocer.

Rasgos potenciadores para hacer de Children Of Men una cinta emotiva, disfrazada de futuro y cargada de reflexión hacia las conductas de la polis. Una introspección convivencial antes de terminar en una aldea de refugiados.

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