Por Ángeles Juárez

Tyler (Kelvin Harrison Jr.), un adolescente que pertenece al equipo de lucha libre de su escuela, sufre una lesión. Su padre le recrimina. Tiene problemas con su novia. Para calmar el dolor físico toma unos analgésicos y para calmar el dolor emocional los combina con un trago de vodka.

Aparece en un terreno donde se encuentra con amigos. Una fogata. Un cigarrillo de marihuana. Como una buena práctica contra el estrés, rapea casi gritando «Backseat freestyle» de Kendrick Lamar.

La música comienza a escucharse más baja y encapsulada: de repente, no se oye más. Ahora es el sonido del fuego que acompaña los pensamientos de Tyler, quien se queda mirándolo fijo. Se ve interrumpido. Deben salir del lugar y sus amigos lo empiezan a sacudir. Con un sonido más electrónico, que combina muy bien con la tensión, se escucha «America del dúo» The Shoes.

Esta escena es el punto donde termina un Tyler pleno con su vida y cuando todo empieza a derrumbarse: se encuentra en una encrucijada. Con un soundtrack que dirige las emociones y el ritmo de las escenas, jugando a propósito a contrastar la rapidez y la lentitud, Trey Edward Shults muestra en este drama una rigurosa relación padre-hijo formada por una disciplina violenta.

A pesar de que la historia trata de un joven luchando por mantener su esencia e identidad, no podemos incluir a Waves en el género coming of age, -aunque quisiéramos- debido a que la madurez para resolver los problemas a los que se enfrenta es nula y termina por convertirlos en uno más grande.

O tal vez sólo en la división que el director hizo para presentarnos las consecuencias de la vida de Tyler en la de su hermana se pudiera contemplar esa categorización.

Un par de hombres sentados en una mesa

Descripción generada automáticamente con confianza baja

Otra característica que resalta es la construcción de los personajes por parte de los actores es que no solo tenemos diálogos que nos permiten ver la mala relación entre Tyler con su padre, sino que Ronald (Sterling K. Brown) siempre mantiene un semblante duro y frío con una mirada que te hace pensar más en el odio, como si su hijo fuera un rival, quien por lo contrario refleja en su rostro cómo va perdiendo la confianza que tenía en sí mismo, así como un poco de miedo.

Es el miedo hacia su padre y el agobio de la decepción lo que no permite a Tyler contar cómo se siente a nivel emocional. Además, reconocer que no le está yendo bien es no cumplir con las expectativas que han puesto en él, que son más altas al pertenecer a una familia negra estadounidense. No tiene un espacio seguro porque no se le ha enseñado a construir uno.

Termina llorando en la bañera, drogándose, descargando su ira con gritos e insultos; esa masculinidad penetrante que redirecciona las emociones a un lugar oscuro porque no se les permite a los hombres ser débiles, debido al constructo social. En ninguna de las escenas con su padre encontramos una charla entre ellos donde lo emocional sea prioridad, ni siquiera en los juzgados: solo vemos llorar a su madrastra.

Queda claro que lo que decide hacer para canalizar su mente perdida lo ha aprendido de su padre, porque desde los regaños y la presión se le enseñó actuar así y al verlo ha entendido que es la forma correcta.

Por otro lado, de forma muy directa, a través de los diálogos, se expone esta idea que mantienen los padres: los hijos/hijas solo se dedican a estudiar y por lo tanto no tienen permitido tener problemas, porque reciben todo de sus padres; y si llegaran a tenerlos no tendrían lugar en la vida real (en este caso la vida adulta).

Al empatizar con Tyler se desearía un final feliz, pero Shults nos propone otro que permite al espectador reflexionar acerca de las masculinidades, la forma de educar y de criar. Y, sobre todo, de cómo los padres pueden presionar a los hijos o hijas hasta quebrarlos.

Esta crítica forma parte de los resultados del Curso de Periodismo Cinematográfico de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hidalgo, realizado en septiembre de 2021. Agradecemos a Ángeles Juárez por permitirnos compartir sus letras en este blog.

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