Por Diana Barrera

En la actualidad existe una cantidad inimaginable de películas y series, pero revisando los créditos de dichos elementos, se puede ver que la presencia masculina es mayor. Según un estudio realizado por la Universidad del Sur de California, se encontró que en 1438 trabajos cinematográficos solo se incluían: 5 directoras (4.2%), 38 guionistas (13.2%), 2 compositoras (2%).

En 2017, según el CIMA (La Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales) en 131 películas analizadas, solo el 24% de las personas que trabajaron en la realización de dichos filmes, fueron mujeres, donde la mayoría se encargaba de cuestiones técnicas como lo es el vestuario, la peluquería y el maquillaje, lo que hace evidente no solo de una desigualdad salarial, sino también presenta la masculinización de las tareas prácticas en el sector cinematográfico.

Además, nos muestra quiénes son “las mentes maestras” de las historias, es decir, quienes son los creadores y quiénes son las creaciones, quién elige en una narrativa, las acciones y la apariencia, quién cuenta la historia, quién desarrolla el personaje y desde qué perspectiva. Esto demuestra que la cultura que consumimos, no solo en el cine, sino en la vida diaria, influencia la forma en la que entendemos el mundo.

Gracias a esto se puede observar que todo lo que consumimos influye en cómo vemos a los demás y cómo las mujeres nos percibimos a nosotras mismas. Sobre todo, cuando estamos en faceta de crecimiento, ya que en las creaciones audiovisuales dedicadas a niños se puede encontrar que las enseñanzas transmitidas son basadas en valores como la amistad, valentía y heroicidad.

Mientras que en los filmes dirigidos a niñas son enseñanzas transmitidas hacia un punto de vista más superficial, puesto que se cree que lo más importante para muchas mujeres es ser bellas, mientras que, para los hombres, es más común ver una representación de «salvador», pues se presume que va a salvar a la mujer al final de cada historia.

Sin embargo, aunque cada vez hay más mujeres protagonistas, más personajes femeninos y con un gran peso en las historias de la industria audiovisual, aún se siguen repitiendo roles e ideas sobre las mujeres, haciendo referencias a los “tropos contra mujeres” (propuestos por Anita Sarkeesian), que muestran el rol de la mujer en los medios de comunicación, pues el personaje femenino suele ser un estereotipo de la «feminidad» y que es representada como un objeto de deseo.

  1. Damisela en apuros: Un héroe y protagonista debe rescatar a una mujer que no puede salvarse a sí misma, generalmente se trata de una familiar (hija, hermana, sobrina) o un interés romántico (novia, esposa).
  2. La mujer como decoración de fondo: Hace alusión a las mujeres que son hipersexualizadas, cuya presencia en la cinta sirve más como “una decoración” que como personaje. Por lo general, no tienen peso en la trama y si las eliminaran de esta o las sustituyeras con un objeto seguiría funcionando. En muchos videojuegos en los que se encuentra este tropo, los personajes generalmente son mujeres prostituidas y en algunos casos se puede acceder a sus cuerpos o incluso matarlas.
  3. Señora, personaje masculino: Se refiere al personaje que es la variación femenina de uno masculino preexistente. Este tropo subordina al personaje femenino, ya que solo existe en relación con su contraparte masculina, además que su atributo principal es su sexo. Sin personalidad.
  4. El corazón del protagonista: Son los personajes femeninos que sirven única y exclusivamente para mostrar los sentimientos del protagonista de la historia. Suelen ser familiares, parejas o intereses amorosos, no conocemos de ellas más de lo que concierne al protagonista masculino.
  5. El principio de la Pitufina: Es la tendencia de incluir a una sola mujer en un elenco conformado por puros hombres. Además de la desigualdad, crea una visión limitada de lo que debe ser una mujer. Normalmente, cae en el estereotipo de lo femenino y en cómo ser un objeto de deseo.
  6. Comerciales de juguetes y roles de género: Analiza los comerciales que van dirigidos a niños y hacia niñas, comparando los valores que venden.

Estas representaciones son muy recurrentes, incluso en la actualidad, es así como los hombres tienen un sinfín de personajes con los cuales se pueden identificar, gracias a sus matices, acciones e historias, mientras que, en el caso de las mujeres, normalmente solo existe un personaje, quizá dos. Sin embargo, al incluirse un trabajo con la presencia femenina en su totalidad, se convierte en un chick flick, un trabajo que es rechazado por el público masculino.

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