Por Daniela Valerio Rebollar

El arte y, por ende, el cine tienden a imitar la realidad, aquella donde encontramos momentos fantásticos. Lamentablemente, también existen algunos amargos, caóticos y violentos especialmente para las mujeres que han sido protagonistas de incontables opresiones y abusos reflejados en pinturas, obras y, por supuesto, filmes, generando una de las interrogantes más grandes de todos los tiempos: ¿Qué pasa cuando ni siquiera en la ficción estamos seguras, vivas y libres?

El cine por mucho tiempo contribuyó a la imagen de la mujer como un ser inferior a su contraparte masculina, a pesar de sus aportes como pilar fundamental para el desarrollo del séptimo arte y de la sociedad.

Desde Alice Guy, considerada la fundadora del cine como narración cultural, hasta personalidades como Frederica Sagor, una de las primeras y más importantes guionistas en la historia del cine, la mujer ha recuperado el terreno que muchas veces perdía ante las fauces de la ignorancia y de una industria que ha silenciado los aportes de todas aquellas que han convertido el séptimo arte en lo que es hoy día.

Lamentablemente, hablar de la mujer en el cine no es solo mencionar la parte virtuosa donde se les ha reconocido su talento, donde felicitamos y aplaudimos a Chloé Zhao (la segunda mujer en la historia de los Globos de Oro en ganar el premio a Mejor Directora), sino que hablar de la mujer en el cine es mencionar la estereotipación, el maltrato y la violencia que se ha sufrido al convertir mujeres extraordinarias en figuras de debilidad y atractivo visual.

Tal es el caso de Megan Fox, una mujer inteligente, talentosa y sexualizada por su aspecto físico tras su aparición en películas como Transformers o, en mayor medida, en El cuerpo de Jennifer.

Megan Fox se atrevió a romper el silencio y a expresar los efectos de la percepción femenina dentro de la industria cinematográfica. En sus palabras: “No quería que me vieran, no quería tener que tomarme una foto, hacer una revista, caminar por una alfombra, no quería que me vieran en público en absoluto”.

Basta de estereotipos y realidades fingidas, pues aun cuando el cine puede servir como un medio para mostrar la vida de otras personas y crear empatía, también puede ser un arma para estereotipar a millones de individuos.

Desde películas clásicas de acción que muestra a los americanos como los héroes del planeta, hasta películas como Pretty Woman que plasman a la mujer como objeto valioso solo por su aspecto físico, y peor aún, las miles de cintas con acciones o actitudes violentas hacia las mujeres que nos pintan como seres sumisos que pueden ser lastimados y maltratados.

Todas y cada una de estas acciones son las que nos hacen querer luchar, querer hablar, somos las sobrevivientes, las “final girl” de aquellos slashers y películas de terror, pero más que todas esas cosas, somos mujeres únicas.

Con la emancipación de la mujer bajo el yugo social y masculino, también se ha potenciado en el cine la revolución, nuestra revolución, que tras años de lucha inalcanzable, hoy esta mostrando cambios.

Y no puede dejar de hacerlo hasta crear un lugar para cualquier chica, joven, niña y mujer que sueñe con crear sus historias, que imagine una realidad distinta, que anhele ser la próxima chica en la gran pantalla que más que una sex symbol, sea una maravilla multifacética.

Que cada mujer pueda convertirse en lo que desee: la directora de estudios completos, como Sherry Lansing en la década de 1980; la increíble princesa enamorada; la mujer más letal, a la Uma Thurman; pero más importante aún, que puedan ser libres, ser fuertes, ser mujeres.

Un comentario sobre “LUCES, CÁMARA… ¡ACCIÓN! // MÁS QUE UNA DAMISELA EN PELIGRO: LAS MUJERES EN EL CINE”

  1. EXACTAMENTE LO MAS IMPORTANTE ES QUE LOS HOMBRES ENTENDAMOS QUE LA MUJER ES IGUAL DE VALIOSA A NOSOTROS Y POR TANTO MERECE SER AMADA Y RESPETADA, PARA VIVIR SU LIBERTAD A PLENITUD.
    EXCELENTE PUBLICACION

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