Por Daniela Valerio

Días de sol, noches calurosas y algunas lluvias para romper la rutina. El verano es un momento como ningún otro, con sueños y fantasías justo a la vuelta de la esquina, una de esas partes del año en la que todo podría pasar, unas locas vacaciones en familia, aventuras inolvidables con nuestros amigos, eventos que cambian todo nuestro mundo e incluso un amor que tal vez dure mil veranos más o se quede como un recuerdo bañado en el sol de verano.

Pero, sin importar lo que suceda, esos recuerdos, emociones y sentimientos que nos hicieron reír, gritar y soñar se mantienen vivos en el encuadre de un director, en cada diálogo, actuación y filme que nos muestra la magia del verano que nos regalan sol, lluvia y sueños, si nos atrevemos a perdernos en sus escenas para dejarnos cautivar por sus tomas y encantarnos con sus historias.

Como mencionar un amor veraniego sin hablar de uno de los filmes más importantes por décadas en la cultura pop, esa famosa película de un chico rudo y una chica buena, Vaselina (Randal Kleiser, 1978), que cuenta la historia de la que todos nos enamoramos.

Un prohibido y divertido amor en las vacaciones de verano lleno de chamarras de cuero y auto cinemas, con personalidad para regalar, un amor que no necesita cambiar a alguien solo para ser “aceptado”, un amor que en su energético final nos muestra dos personajes que lograron encontrarse en un punto medio para amarse y, además, ¿quién puede olvidar todo el carisma de este filme? “¡It’s electrifyin’!”.

Otro de los grandes clásicos del “cine de verano” es Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987), el cual también ha cautivado a millones no solo por su estilo tan retro y las vibras veraniegas casi salidas de un comercial de refresco, sino que ha logrado mantenerse como una de las grandes historias de romance y empoderamiento femenino, en gran parte debido al enfoque de su directora.

Esto permitió crear un filme que no solo mostraba esa rara etapa entre ser un adulto productivo y un chico sin idea de lo que hará mañana, la película lograba mostrar un amor en el que la mujer no se mostraba pasiva e indefensa, a pesar de la inexperiencia de la misma.

Mostraba una relación en donde la protagonista tomaba control de sus sentimientos, cuerpo y decisiones, verdaderamente algo refrescante para un momento en el que la igualdad y el feminismo no era del todo conocido o bien recibido, e incluso en nuestra sociedad “progresista” del siglo XXI el filme sigue siendo una encantadora y memorable cinta llena de energía, escenas que harían a cualquiera sudar y un baile final como ningún otro al ritmo de la famosa canción The time of my life.

Pese a ello, el verano no es solo arena, sol, uno que otro tiburón y finales felices, el verano también esta lleno de esos golpes bruscos de realidad en los que nuestra vida cambia por completo, o al menos nuestra forma de ver el mundo se hace un poco más grande, incluso si eso conlleva ansiedad, tristeza y uno que otro corazón roto.

Ejemplo de ello es el poderoso filme Llámame por tu nombre (Luca Guadagnino, 2017), marcando un verano que difícilmente olvidarás cuando te cautive con cada escena.

Cuando su historia de un vaivén inherente de los días veraniegos, sujeto a un momento tan largo y tan efímero, rompa el corazón que protegíamos al relatar cómo dos jóvenes se enamoraron lenta y accidentadamente, con miradas, disgustos y una dirección artística presente en toda la cinta que nos remonta a un oasis lleno de arte y cultura, pero con un miedo a la naturaleza del amor que nos impulsa a buscar y a amar sin distinguir, que nos orilla a temer las miradas de otros y que nos hace ver que incluso en estos amores veraniegos tan apasionados tarde o temprano terminan.

El verano trae nuevos amores o nuevas vidas que experimentar sin importar nuestra edad o lo que creíamos saber de nuestro mundo, como lo muestra La vida de Kayla (Bo Burnham, 2018), una encantadoramente incómoda historia que relata esos miedos que todos hemos sentido como adolescentes buscando encajar, como adultos jóvenes deseando ganarnos un lugar en nuestro mundo o como adultos intentando no perder esa parte más inocente de nuestra personalidad.

Una historia que muestra sin miedos nuestro mundo tecnológico que evoluciona cada día y que aun así nuestros miedos no desaparecen, cambian de red social y el verano puede ser más que una oportunidad de amar a otros.

El verano son esos golpes de realidad, esos sueños que se cumplen y otros que se rompen, ese amor que se disfruta a la luz del sol y se convierte en un amor de película o una película de amor.

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