Por Daniela Valerio

La pureza, la felicidad, los juegos y aquellas risas que hacían que nuestros pulmones se quedaran sin aliento y nuestro estómago doliera, esos momentos que todos disfrutamos rodeados de nuestros padres, amigos y sueños que no desaparecían al despertar siguen con nosotros acompañándonos en cada paso que damos, incluso cuando la vida se torna oscura y llena de dolor.

Esos momentos son una luz que nos motiva a seguir adelante, pero alguna vez te has preguntado si después de todo el estrés que enfrentamos día con día, las responsabilidades que nos invaden, o las dificultades de la vida ¿aún podrías brincar en los charcos y jugar en la lluvia? ¿Aún imaginas cómo sería ser un astronauta o un superhéroe? ¿Aún mantienes ese espíritu infantil? O ¿acaso has perdido la capacidad de reír y soñar?

La animación ha estado evolucionando por más de un siglo, cambiando y adaptándose hasta convertirse en uno de los géneros más amados dentro del séptimo arte, manteniendo ese espíritu infantil lleno de felicidad y deseos de aventura, sin embargo, muchas veces confundimos, malinterpretamos y hacemos a un lado estas cintas por considerarlas un género exclusivo para niños.

Tantas maravillosas y profundas películas desestimadas simplemente porque hemos crecido tanto que hemos perdido de vista lo que en verdad significa ser niño, que el reír, jugar, correr y gritar son cosas inapropiadas, que olvidamos cómo divertirnos y cómo ver más allá de lo que nuestros ojos nos muestran y que en su superficie parece una “simple” película animada.

Por ejemplo, alguna vez te has preguntado ¿cuál es el mensaje del filme Kung Fu Panda (Mark Osborne, 2008)? A pesar de parecer una película que simplemente habla de un héroe poco probable con muchas risas y acción, realmente nos regala cada toma y cada diálogo para demostrarnos que no todos los héroes son como los pintan, que cada persona puede ser uno, ya que el filme no solo nos muestra el camino, también nos deja que, si de verdad lo queremos, todos podemos cambiar, podemos convertirnos en las personas que deseamos, que confiar en nosotros mismos es el mejor aliado y el héroe más importante en nuestra historia.

Y es que los filmes animados no solo son de héroes y acción, pues cintas como Home (Tim Johnson, 2015) nos muestran que incluso ser diferentes nos hace especiales, que nada es motivo para hacernos cambiar y que aun cuando nos equivocamos un millón de veces podemos seguir intentando. Una película que deja en claro que equivocarse es de humanos y nos pinta de colores, que nos muestra que hace de las diferencias una familia, un hogar.

Pero no todo puede quedarse siempre igual y es cierto que madurar es inevitable, a veces la vida llega sin que la esperes y sin que la podamos detener, pero aunque no podemos vivir sin ninguna preocupación, miedo o sin crecer, eso no significa que dejemos de ser niños o que debamos perder el corazón tan puro de un infante, al contrario.

Ejemplo de ello es Toy Story (John Lasseter, 1995) nos muestra que no todo puede quedarse siempre igual, pero a pesar de que la vida sigue su curso, no puede ser disfrutada sin un poco de juego, sin imaginar las fantasías más locas. No podemos dejar ese espíritu que nos impulsa a jugar con nuestra imaginación e incluso si nos damos cuenta que no éramos tan fuertes, tan valientes o tan poderosos como creíamos, eso nunca ha detenido a los verdaderos soñadores de intentar caer con estilo y llamarlo volar.

Y todos hemos estado en ese lugar cuando el tiempo ya no es suficiente, cuando los juegos son cada vez menos y el trabajo parece inundar toda nuestra vida, pero para eso están esos filmes que nos sirven de compañía e incluso de guías, como Monsters Inc. (Pete Docter, 2001), en la que, a modo de metáforas, un lindo “gatito” y su amigo de un bonito color verde nos muestran que el trabajo, las metas y ambiciones realmente son vacías si no tenemos a nadie cerca de nosotros al final del día. Así que recuerda que todo estará bien si tenemos personas que amamos a nuestro lado y mientras las risas no falten. ¿Quién dijo que el trabajo debería ser tan aburrido?

La vida puede ser difícil y siempre existirán problemas, pero no debemos olvidar lo que nos hace felices. Y es que si no podemos estar contentos ¿estamos viviendo? Tal y como nos lo muestra Trolls (Mike Mitchell 2016) que llegó para enseñarnos que aun si la vida nos ha lastimado, no siempre podemos ser grises e incluso si no nos gusta, la vida siempre será más divertida con un poco de emoción y brillantina espolvoreada.

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