Por Daniela Valerio

Si fueras un viajero del tiempo, ¿cuál sería la forma en la que querrías hacerlo?

La variedad del cine y de cada filme nos invita a soñar despiertos, a dejar libre nuestra imaginación en un mundo donde cada historia es posible gracias a la magia del séptimo arte.

Aquella magia tan grande que ha capturado uno de los temas que aclama la atención del público y de los soñadores como ningún otro: la temporalidad, esa mítica capacidad de visitar tiempos distintos al nuestro, de viajar a los momentos mostrados en obras de arte e incluso de conocer un futuro, a veces distópico, en ocasiones utópico y en otras incierto.

Empezando con el cine de época que nos ha transportado a decenas de momentos históricos y nos permite soñar y romantizar como ninguna otra forma de arte es capaz de hacerlo, plasmando cada acción, cada cambio de lenguaje y la falta de una creciente industrialización, con un enfoque único que nos obliga a imaginar una vida, en su profundidad, llena de héroes griegos, forajidos más rápidos que cualquiera, e incluso, princesas, reinos y conquistas.

Desde filmes como la aclamada Orgullo y prejuicio, en el que podemos soltar las riendas de nuestra imaginación y viajar a una época tan distante sin dejar nuestro asiento, hasta cintas como la adaptación cinematográfica de la obra Rubí: La última viajera en el tiempo, que muestra una mezcla del presente y el pasado con un toque de magia, alquimia, piedras preciosas y un cronógrafo para viajar de manera segura.

Sin duda es una cinta donde el enfoque no revolotea solo alrededor de una época pasada, personajes e historias, sino que muestra la gran variedad en la que se puede abordar este tipo de cine, épocas únicas con giros inesperados y mezcla de un pasado lleno de aventuras.

Ambas cintas son una clara representación de cómo podemos vivir épocas pasadas desde cualquier sala de cine, aquellas que capturan nuestros corazones y mentes al mostrarnos situaciones únicas que, triste y probablemente, no podremos experimentar sin recurrir al viaje temporal, siendo lo que distingue y mantiene vivo al cine de época.

Aunque el futuro siempre este cambiando y cada mente pueda imaginar, soñar y desear su propio mañana, el cine siempre lo hará diferente, nos mostrará nuestro pasado, nuestras raíces, nos permitirá soñar con un pie en las nubes y el otro en la realidad, causará un sentimiento completamente distinto en el que, con la suficiente paciencia e imaginación, podremos vernos a nosotros mismos en castillos, blandiendo espadas por un reino o en nuestros amores imposibles e incluso trágicos.

Sin embargo, estos destinos llenos de oro y realeza son solo uno de los tantos momentos a los que el cine puede llevarnos.

Con la creciente importancia de la ciencia en nuestra sociedad, la fascinación e incluso fijación por lograr el viaje al pasado y al futuro, se ha influenciado el arte que creamos al dirigir la imaginación a los futuros llenos de posibilidades y a lo que nuestras acciones cambiarían en el pasado.

Por ello se han creando obras como las amadas Volver al futuro, en la que el pasado es víctima de nuestros sueños a manos de un DeLorean, y Terminator, donde tecnologías tan avanzadas, como inteligencias artificiales y equipos de desplazamiento personal, permiten la unión de presente y futuro, mostrando, de manera fantástica.

En esos filmes se muestran ambas partes del dilema: uno con un viaje al pasado aparentemente catastrófico si se cambia el menor detalle, formando múltiples líneas temporales y paradojas que son seguras de crear, y al mismo tiempo su contraparte futurista, que a pesar de tomar lugar en el presente, muestra un futuro postapocalíptico en el que es nuestra misma ciencia es la que nos condena y la que nos salva.

De manera similar a Rubí y Volver al futuro, dentro de Cuestión de tiempo el viaje al pasado está lleno de sus propias reglas y métodos que, a diferencia de las cintas anteriores, busca demostrar que el viaje al pasado no siempre es tan distante y mucho menos catastrófico, sino que muchas veces puede darnos simplemente un día más e incluso una segunda oportunidad.

Dejando en claro que los viajes en el tiempo solo se limitan a nuestra imaginación y utilizan como reflector a la pantalla grande, ya que a través de ella podemos vivir momentos únicos donde el mundo desaparece y nos transportamos a épocas distantes, nos demuestran que no siempre es necesaria una máquina para viajar en el tiempo, ya que la más grande, poderosa y de la que han sido testigo miles de personas en el mundo siempre será y seguirá siendo el cine.

Un comentario sobre “LUCES, CÁMARA… ¡ACCIÓN!: LAS MIL Y UNA FORMAS DE VIAJAR EN EL TIEMPO”

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