Por Daniela Valerio

Los humanos somos soñadores, imaginadores, artistas y creativos por naturaleza. Nos gusta soñar con finales felices y cuentos de hadas, imaginar cómo podría ser nuestra vida si encontráramos el verdadero amor, a esa persona cuya presencia cambiaría nuestro destino y que sustituirá nuestra vida común con una llena de aventuras, romance y pasión.

Como soñadores siempre hemos buscado nuevas formas de traer nuestros deseos a la realidad y el cine ha sido el canal perfecto para mostrar nuestro anhelo por una vida llena de emociones y felicidad.

Desde historias como 10 Cosas que Odio de Ti (Gil Junger, 1999) que busca hacer de los defectos y virtudes un romance lleno de risas, emociones y autodescubrimiento; hasta filmes como La Propuesta (Anne Fletcher, 2009) donde el amor surge si le das suficiente tiempo y la paciencia se convierte en tu mejor arma.

El cine te ha transportado a escenarios que te hacen ver la vida diferente y las infinitas representaciones e idealizaciones de algo tan normal como el amor, sin embargo, entre tantos sueños y fantasías, el amor real ha dejado de ser interesante, ya nada es provocador ni mucho menos, suficiente. ¿En qué momento los sueños hacen que perdamos de vista las posibilidades frente a nosotros? ¿Acaso hemos dejado ir muy lejos nuestra imaginación?

El hombre ha recurrido al séptimo arte para mostrar fielmente esta dualidad, no solo en los finales felices, sino que en la actualidad han tomado más fuerza las representaciones realistas de lo que una relación, un enamoramiento o un rompimiento pueden significar.

Tal y como sucede en el famoso filme 500 Días con Ella (Marc Webb, 2009), una cinta enfocada en mostrar que una historia donde hay química, donde el mundo se detiene cada vez que miras los ojos de quien crees amar, no siempre es la misma historia que ve esa persona al mirar tus ojos.

Nos muestra el desgarrador proceso de enamorarnos, entregar todo de nosotros e incluso pensar que hemos encontrado nuestra película de romance, pero al final solo nos dimos cuenta que nunca fuimos el protagonista, sino un actor más en la historia de otra persona. Sin duda, una película que llega para darnos un golpe de realidad con la que muchos nos hemos sentido identificados.

Aunque también es cierto que llegan a existir ocasiones donde sí logramos encontrar a esa persona que cambia nuestra vida, con la que el futuro ya no es tan incierto y con quien la felicidad parece estar asegurada tan solo para darse cuenta que, aun en esos momentos tan hermosos, el amor no es invencible.

Aquí es donde llega el popular y aclamado filme Bajo la Misma Estrella (Josh Boone, 2014) para dejarnos muy en claro que ni siquiera una relación donde la química está de sobra y los sentimientos son más que correspondidos puede asegurarnos el final feliz, pues incluso cuando menos lo esperamos, esa persona tan amada para nosotros podría sernos arrebatada en un abrir y cerrar de ojos.

Todo este recorrido cinematográfico nos lleva a una de las más grandes preguntas del cine: el “felices para siempre”,  ¿de verdad es para siempre?

Ante esta interrogante, el cine ha creado todas las respuestas posibles. La aclamada película Historia de un Matrimonio (Noah Baumbach, 2019),  llega para dar su versión en una realidad agridulce en la que nunca estamos realmente “felices para siempre”, mostrándonos que el amor se agota y ningún lazo es suficiente para unir a dos personas cuyo romance ha terminado.

Mientras que cintas como Cada Día (Michael Sucsy, 2018) aparecen para dejar lecciones y en claro que dentro de cada momento doloroso existe algo que podemos aprender de la vida, nos muestra con una alegoría bastante llamativa que ninguna persona nos pertenece e, incluso si los amamos y deseamos con el corazón, nuestra vida debe seguir con las memorias buenas que nos dejaron en su paso por nuestra historia.

Así que una vez haciendo todo este recorrido cinematográfico y sabiendo todas las respuestas que el cine le brinda al gran mito, solo queda decidir: ¿Qué “felices para siempre” es el que quieres tú?

A veces el amor no puede contra todo y la vida no siempre termina siendo color de rosa. A veces los romances de princesas te rompen el corazón de formas que no creíamos posibles.

Sin embargo, cada soñador tiene su propia idea del amor, de su existencia o de la ausencia de él, así que, afortunadamente para nosotros, el cine ha creado extraordinarias historias de amor que cada vez se apegan un poco más a la realidad, mostrándonos que a veces los romances más poderosos, son aquellos que no tienen un “felices para siempre”. 

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