Por Daniela Valerio

El cine puede ser hogar de historias fantásticas, aterradoras y sorprendentes llenas de monstruos, crímenes y aventuras, pero también se ha convertido en el hogar de historias que derriten el corazón, que terminan con un dulce beso y un felices para siempre.

El amor es tan caótico en la vida como en la pantalla, donde a veces el «sí acepto» puede ser el mejor momento de nuestra vida, un error fatal o una lucha que no parece tener fin. Una tormentosa aventura en la que el cine es nuestro acompañante perfecto para conocer esta cara tan complicada detrás de un hermoso vestido blanco y un anillo brillante.

Dentro de los filmes, novelas y casi toda la cultura pop los romances han sido idealizados en muchos aspectos con conceptos de un alma gemela y una pareja perfecta.

Aunque en tiempos recientes esta idealización se ha removido poco a poco generalmente con romances que terminan en corazones rotos, por lo que muchas veces se deja de lado las pequeñas cosas que convirtieron al género romántico en lo que es: una prosa cambiante, turbia y peligrosa, pero dulce, tierna y aventurera.

El género romántico son los desayunos en pareja, las visitas al cine y las festividades en casa, pero también lo son las discusiones, el conflicto y la confrontación.

Prueba de ello es el film Cuestión de tiempo (Richard Curtis, 2013) que aborda justamente esta parte del romance, esos momentos intentando conquistar a la persona que nos hace saltarnos un latido, los momentos intentando pasar cada instante el uno con el otro, los pequeños desafíos,y aquellos que parecen insuperables, la vida con alguien, dándole un toque único y permitiéndonos vivir un deseo que todos hemos compartido en algún momento.

Con la posibilidad de regresar a esos instantes que nos hicieron felices, solo para darnos cuenta que la vida no espera y a veces tenemos que dejarnos llevar, experimentar, sonreír y sufrir en este romance único.

El filme no nos muestra una boda como el punto final, sino como el punto más alto de una montaña rusa, ese momento en que nuestro estómago lleno de mariposas y nervios nos pone en el punto de la caída irreversible en la que solo puedes levantar los brazos y disfrutar el viaje.

Otra particularidad de este género son todos esos momentos en los que tambalea una relación, esos problemas que causan discusiones que rompen corazones y que lastiman ilusiones antes siquiera de pensar en un vestido o el altar.

Prueba de aquellas caídas libres que nos replantean y nos sitúan en perspectiva podemos verlas con la cinta Locamente millonarios (Jon M. Chu, 2018), un romance que te pone a prueba a través de una historia llena de comedia y una incomodidad que muchas parejas reconocerán al conocer a las familias políticas y ser rechazados.

Sin embargo, el filme nos lleva por un viaje encantador lleno de risas, drama, discusiones y experiencias mostrándonos que tal vez exista esa alma gemela que, sin importar quien se interponga, nos elegirá una y otra vez.

La película muestra que, más que un sí acepto, en las caídas más peligrosas y en esos aterradores momentos alguien puede estar ahí.

Sin duda un género para valientes en el que no cualquiera se siente a gusto, que aunque estereotipado se ha hecho notar y le ha hecho justicia a uno de los sentimientos que más falta hace en el mundo: el amor.

En el transcurso de este romántico sendero no podía faltar la presencia del cine mexicano que, aunque se ha caracterizado por su indudable comedia, le ha dado un vuelco al romance con su cinta Cásese quien pueda (Marco Polo Constandse, 2014).

En ella muestras que incluso cuando parece que tendremos ese «felices para siempre» y estemos listos para ese día de grandes vestidos, promesas de amor y anillos que atan una misma historia, el amor sigue siendo complicado, impredecible y una verdadera locura en la que a veces nos equivocamos, elegimos personas erróneas y sufrimos.

Una experiencia en la que a veces nos tienen que partir el corazón para perdernos y encontrar un nuevo comienzo que te pone en los lugares más inesperados, los senderos más rocosos y amores equivocados. El romance perfecto que te hace ver lo bueno que es equivocarse, superarnos y empezar.

El séptimo arte ha sido casa del romance desde su nacimiento, ha visto desfilar ante sus pantallas a miles de parejas y ha sido testigo de más bodas que nadie en el mundo, solo para recordarnos que el cine, como el amor, es una experiencia que jamás se quiere dejar de vivir.

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