Por Martín Félix

Concisa, fuerte y coquetamente misteriosa. Veneno para las hadas resulta ser precisamente eso, un veneno paralizante, hipnótico así como subyugante a nuestra percepción. Vestimenta fílmica engalanada por una tenebrosa y sombría partitura, una hechura grata y detalles pasmosos que dan temor a todas sus esquelas. 

Sin perder tiempo, ni caer en vanalismos esta obra alimenta el camino con lo sangriento de su arranque. Amellando de tajo la tranquilidad con la que podemos acercarnos a ella y dando ese golpe para arrebatarnos un gesto anonadado tras los plausibles créditos iniciales como forma envalentonada del fuerte y umbroso contenido.

Así, sobre ese caldero Carlos Enrique Taboada elabora un hechizo potente como nebuloso, con suave paso que velozmente se carga de tonos raros y de cuestionamientos con uno que otro abrupto.

Explorando delicadamente los rincones de la imaginación y la fantasía traspasando con mucha fuerza los hilos de la realidad en forma mal intencionada. Acercándose al núcleo donde las actitudes soberbias pueden convertirse en un prospecto mórbido, macabro, lascivo y perjudicial para los demás.

Tiñendo la narrativa de miedo, acecho, miradas profundas y pensamientos malvados que provee de mucho peso a sus personajes principales. Cambiando poco a poco los aires de inocencia por el desfigurado rostro de la maldad, dejando a su paso terribles visiones, traumas y pesadillas provenientes de las intenciones malévolas reforzadas por el chantaje, la manipulación e igualmente la hipocresía. Transformando un bosquejo dulce, tierno e infantil en toda una experiencia turbia, agónica; sin salida, ni desenlace. 

Viéndose catapultada en el sumo cuidado de su estructura técnica, haciendo buena usanza del zoom, trabajados dollys y encuadres que mantienen la atención en los protagonistas dejando a los demás como entes periféricos que otorgan prospectos leves pero precisos a su evolución, mientras se desenvuelven tras el pulcro montaje de Carlos Savage.

La dominante aura claroscura de la fotografía se acompaña del armazón musical hecho por Carlos Jiménez Mabarak, dejando respirar al filme con tonadas ligeras y divertidas e incrementando las pulsaciones con notas  estrechas tanto como incómodas.

Orquestando su asombro final entre gritos, humo y flamas de tranquilidad, rematando en ese acto valiente liberador de la opresión siniestra que daña, lastima y materializa los miedos destruyendo nuestra dignidad. Un plano final majestuoso con porte vivamente encantador dejando arder la agonía desterrándola del ser recuperando el espíritu, la fortaleza y el alma para a seguir siendo como éramos en un principio, completamente felices. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *