Por Martín Felix

¿El encierro condena a la paranoia o agudiza los sentidos en aras de una supervivencia casi instintiva? Los amigos se convierten en enemigos y aquellos extraños podrían extender su mano.

Todo es incierto, pues la incertidumbre inunda el lugar, un pequeño terreno destinado como campo de batalla, arrinconados, sin salida, en tierra de todos y de nadie. Aquella donde la única compañera es la fría pistola que reposa en la pierna, pensando en que la inminente forma de salir es congelado o atravesado por la feroz bala de cualquiera de esos desconocidos. 

The hateful eight abre su telón con amplia serenidad como la misma nieve que cae lentamente hasta acumularse en grandes cantidades, de pronto, como una efímera bocanada de humo, se aleja de ser un bello espectáculo transformándose en tumba gélida y de blanco espesor.

Tarantino nos somete en un viaje incierto, caótico y un tanto atípico, repleto de dudas, desconfianzas y con ligero toque de hostilidad hasta llevarnos a su punta de lanza donde ha de poner al límite a sus participantes, consagrando que los problemas de uno pueden ser de la incumbencia de muchos.

Resulta interesante el modo en el que da a conocer a los personajes, centrando mucho la atención en ellos y sus detalles personales para formar contexto y peso dentro de la narrativa.

Todo esto, llevando a la usanza largas y nutridas charlas que amplían el esquema visionario de sus inquietudes, deseos y actitudes que los definen.  Pues ha de someterlos en una esfera claustrofóbica llena de repercusiones a nivel personal y de intereses. En ese estofado bien sazonado de odio, recelo y calumnias; creando la conjetura casi perfecta entre venganza y justicia que ha de llevar al inmenso repudio.

Repartido en capítulos entendemos mejor la escalada de la problemática, jugando disciplinadamente con la tensión de cada uno de ellos. La aparición del narrador es un tanto sorpresiva pero relaja la tormenta emocional y pone a lugar de nueva cuenta las fichas dentro del tablero sin dejarnos fuera de detalles. Accediendo a ver las brechas de falsa calma, de comportamientos envenenados y el constante asecho acumulado en todos los vectores.

Utiliza a los personajes de manera ordenada para guiarnos a través del conflicto primario y sus particulares, mostrando el aferro individual de sus creencias más allá del colectivo, intencionando la propia salvación antes que otros en situaciones de suma incredulidad.

Remitiendo al espectador siempre en un terreno neutral a la espera de más ejes de información que brotan de manera sufrida y paulatina, expectante al desmoronamiento de la supuesta normalidad abriendo hebras de misterios en cada esquina del panorama.

Empuña la mentira como arma de doble filo y máscara que ha de caer en el punto más álgido de la situación, poniendo cada carta sobre la mesa, esclareciendo los exactos rostros tras el gatillo después de haber puesto a prueba la fidelidad de una amistad, en la lealtad de los pactos, de la misma familiaridad e incluso fe ciega en otro individuo para poder salvarse. Abandonándonos a nuestra suerte en el brutal recital de balas, sangre, fragmentos y gritos de sumo dolor. 

Termina por ser un wéstern muy enardecido y dramático bien llevado hasta destrozar nuestras pelotas. Destinando su final en un respetuoso acto de confianza, validez a palabra, intuición y algo de sentido común. Con heridos de muerte, cadáveres en el piso y coronado por un afinado acto de justicia liberadora. 

Dentro de lo técnico, esta obra coloca en montura imágenes casi poéticas que dan engaño a su desalmada naturalidad, siempre amalgamadas de un humor negro como mero punto de contraposición, además de destacar por mucho la secuencia inicial, afinando desde ese momento aires enigmáticos y sin faltar esa cámara lenta que hace de las secuencias crudas una delicia visual.

Ensalzado por una muy buena banda sonora por parte de Ennio Morricone que le valió varios premios al filme en esta categoría. De igual manera, la fotografía de Robert Richardson nos lleva entre tonalidades frías de mucha naturalidad y cálidos muy acogedores, para hacer de este filme un paseo de alto impacto, con la idea bien puesta a ser un odiado más.

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