Por: Martín Félix

No hay tiro más certero que la bala sacudiendo la cavidad cerebral, el aplastante silencio, fiel representante de la muerte a través de la fría hoja.

Corre la sangre en medio de los dedos y el enorme vacío del espíritu de saberse ultrajado a cambio de unos cuantos papeles con signo de pesos.

Llegando a la perfección, dejándose ver en detallados trazos y el reflejo serio de lentes oscuros, Luc Besson forma en Léon: The Professional tapices que señalan un atrevido curso de la vida dentro de la clase media baja y sus más preponderantes problemas.

Coloca en montura, individuos justificantes de sus actos ante la necesidad de sobrevivir, tratando de escapar de sus traumas, dolores y pesadillas de un mundo apabullante, así como para cubrir sus carencias a nivel económico y personal, usándolo de propósito para no ser exiliados del ecosistema social.

Teje una historia caminante entre ejes de corrupción y venganza, contraponiendo un aire de emociones, remitiendo a los sujetos ser conscientes de lo que profesan y con puntuaciones a ser creyentes de una superación, de un resarcimiento de sus dignidades.

Es interesante la propuesta del director en la interacción entre los personajes más destacables y las impresiones convergentes entre ellos.

Un amorfo sentimiento de amor, el cual, recae en una sensación de paternidad como mero impulso capaz de acentuar la serenidad, el afecto y el cariño, a fin de estructura de reafirmación y bondad. Mostrando al reverso, una fijación extraña e inocente, pero a su vez, compleja, trazando un hilo de cierta morbosidad. Componiendo una atmósfera en donde éstas esencias se compaginan, se tocan e interrelacionan amalgamando una afición con mucho poder. 

Los lleva en un estímulo convincente, formador de fuerza sentimental para evitar recaídas de su personalidad a través de los conflictos desgastantes. Es la sustancia naciente en ellos, permitiéndoles no verse a sí mismos importantes, sino comprender el espíritu de una empatía innegable y afectuosa, permitiendo percibir una felicidad cuando se lucha por otra persona, terminando por ser una puerta hacia el sentir de pertenencia, confianza e identidad, envuelta en una ligera, delicada y casi invisible tela de ternura.

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