Por Martín Felix

Nicho de las verdades ocultas, minuciosas líneas acompañan la bocanada de testimonios nostálgicos. Sereno y pesado paso para inmiscuirse en el pozo de los hechos escalofriantes, uno de tantos guardados en la astillada repisa de nuestro país que, como muchos, son dejados a la intemperie sin el consuelo de tener un esclarecimiento preciso o un broche digno para quienes sufren por la pérdida de un ser querido, cargando por siempre con esas terribles laceraciones. 

En medio de una esencia con sabor a muerte y resentimientos retraídos, Alberto Arnaut cimienta en Hasta los Dientes una forma alentadora y esperanzante para transportar a un ambiente cortejante, pero a la vez efímero a la memoria. Para soltar de lleno su áspera corteza y abalanzarse sobre el crudo cauce de la injusticia, oscura vertiente que sale a flote página tras página, empapada en dolor y emociones a flor de piel.

Docto encaminado a mostrar el matiz puntual de la vida a través de las palabras de los padres, familiares y allegados de los jóvenes Jorge Antonio Mercado Alonso y Javier Francisco Arredondo Verdugo, originarios de Saltillo, Coahuila, quienes fueron asesinados por elementos del Ejército Mexicano al ser confundidos como sicarios. Así, en esta entrega, se corta puntada tras puntada para abrir la cicatriz insanable a pesar de los años, herida latente hasta estos días por más disculpas públicas por parte del gobierno a manera de resanar el daño.

Entre cortinas se adentra a la cotidianidad vivida por los dos amigos estudiantes del Tecnológico de Monterrey, sus anécdotas, logros académicos y cualidades más sobresalientes como personas. Llevado de la mano por una sensible lluvia de fotos, miradas reflexivas y rincones paralizados, acrecentando el vacío y la desolación dejada por su inesperada partida. Un ritmo relajado, pero de mucho peso, amalgamando de manera absoluta la empatía ante la situación.

En una mirada, la nube de añoranza se torna en una tormenta roja y lamentable, cae encima en forma drástica y sin premura para de manera abrumadora y maciza desmenuzar la historia aún plagada de interrogantes y suma presión.

Un hilo agobiante y trágico, narrando la sanguinaria noche que vivieron Javier y Jorge mientras salían del campus. Reviviendo el calvario y rictus de dolor de aquel 19 de marzo de 2010, aún teñido de impotencia, soledad, furia y abismal exigencia por la verdad; dejando a su paso rostros partidos por el llanto, al tiempo del silencio lúgubre y sepulcral.

Con una excelente recopilación de archivos, este grabado coloca en contexto, la enorme ola de violencia desencadenada en el México calderonista y su voraz avance sobre la actualidad.

De Monterrey como una urbe sumergida en dudas y nebulismo, amedrentada con balas como pan de cada día, llevando al miedo e inseguridad a los habitantes. De igual manera, subraya la negligencia y el caso omiso por parte de las autoridades en turno, otorgando sólo un par de lágrimas y palabras frías ante el desconsuelo de los padres afectados.

Así, este filme, termina por ser un retrato de las aflicciones sembradas por la arbitrariedad e iniquidad, de la petición y demanda de una sociedad extenuada por la crueldad.

Haciendo vívido el eco del exasperado llamado por la justicia, la paz y la reparación integral de una ruin lesión, pincelada por una ligera fe hacia los órganos gubernamentales para hacer cumplir la ley. Dejando un amargo sabor de boca al ser tan sólo una espiga de entre la paja; siendo ese alfiler que deja una nota al enorme muro de los deberes sin resolver.

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