Por Martín Felix

Doloroso, avasallador y profundamente reflexivo. Había una vez es un documental que se abre paso por el espeso naranja del amanecer y la efervescente vida diaria del Estado de México.

Colocándonos en el ágil viaje de norte a sur por su arterias sumamente congestionadas, de incesable movimiento, llena de vaivenes, contrastes, claroscuros, rascacielos y finas líneas cercanas de la modernidad. 

Así, en ese eje y rompiendo con sangre lo soñador de su título Jacaranda Correa sube el volumen del entramado dejando fluir los ecos mediáticos de las muchísimas historias de mujeres asesinadas y violentadas que simplemente se ven perdidos en el sórdido estrés de la ciudad. Encaminando su docto a colocar el dedo en la yaga para acercarse, revivir y dar luz a las figuras principales. 

Labrando a través de testimonios, seguimiento, charlas e intimidades un vistazo al retrato de la violencia de género en nuestro país y su terrible brutalidad. Colmando la pantalla de rostros martirizados, dignidades ultrajadas y espíritus totalmente derrotados. Donde además aprovecha de buena manera para concretar las ideas de una contraposición del pensamiento educacional de la sociedad en el paso del tiempo, la cual, está cimentada sobre pilares machistas que propician al hombre y el maltrato desde el seno familiar. 

Abriendo un abismo enorme entre la esperanza de justicia y las víctimas, ya que el sosegado actuar por parte de las autoridades son quienes simplemente desalientan a las agraviadas a seguir con los procesos y con muchísima más razón a aquellas que por miedo no se atreven a mencionar su sufrimiento. Equiparando un poco la balanza pues también otorga foco a todas esas mujeres dispuestas a brindar su ayuda para salir del suplicio forjando lazos de confianza, empatía y sentimientos encontrados. 

La madurez del filme, nos centra en el municipio de Chimalhuacán en el estado de México, como un foco rojo del asesinato y la estridencia para las féminas, encontrando en el peregrinaje perfiles decaídos, hartos y severamente adoloridos como mero plato de entrada. Pues palabra tras palabra entramos al clímax de la deformación racional humana en el relato en que la vida fue arrancada sin remordimientos. 

Creando un recorrido completamente afligido e irreconocible de la capacidad monstruosa de la agresión, llevando a la tortura y la rabia homicida cegada por la ira e igualmente alentada en las adicciones dejando ver las enormes cicatrices de todas estas vivencias. Familias destruidas, hijos desamparados y el flagelo mental dado por la autoproclamación de la culpa por no actuar a tiempo ante tan ruines situaciones, quedando sin esperanzas de una digna aplicación de la ley haciendo que el dolor, la angustia y el miedo revivan, pero una hija, una madre, una hermana no.  

Hablando del desarrollo técnico, el montaje de Joselo Rueda es dinámico y vivaz acoplándose amenamente a la cámara rústica que por momentos nos deja ver planos mucho más trabajados como algunos time lapse, dejando respirar la cinta antes de otra bofetada más. Viéndose reforzada con la música y el diseño sonoro de Taniel Morales, sin dejar fuera la fotografía de Carla Pataky en compañía de Eduardo Lizalde que se llena de mucha carga tonal para dar cálidos muy acentuados. 

Concretando a este material en ser un ejemplo más del México amargo y cruel para sus mujeres, las cuales, gritan con desesperación por una impartición cabal de la justicia, donde los agresores paguen y no se pierdan entre los matojos turbios que benefician a muchos. Además de encontrar un faro en la ayuda mutua, en la resistencia conjunta entre quienes han padecido las mismas situaciones para superar el trauma y la incertidumbre, de que a pesar de ese osco panorama gris no hay y no habrá oportunidad para rendirse, ondeando la bandera a decir «ya basta». 

Puedes checarla a través de este enlace:

https://www.filminlatino.mx/pelicula/habia-una-vez

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