Por Martín Felix.

La historia escrita puede ser manipulada, sesgada o controlada, pero la memoria no falla.

Las tragedias son difíciles de olvidar para quienes lo han vivido en carne propia, las marcas no se borran y los clamos de unión todavía retumban con fuerza.

El testimonio fílmico de una de las masacres más terribles en México, horrores que aún viven en la cabeza de muchos y ha sido quitada de otros tantos para fingir que nunca pasó.

Abriéndonos paso en el movimiento estudiantil nacido de la opresión y la violencia, una lucha por los derechos sociales que terminaría bañada en sangre aquel fatídico 2 de octubre de 1968, donde elementos del Ejército Mexicano asesinaron a cientos de estudiantes reunidos en la plaza de Tlatelolco.

Así, El grito nos coloca como fiel testigo de principio a fin del inicio, organización, fuerza y embestida que tendría este alzamiento de la sociedad estudiantil que vería prendida su mecha en el disgusto, hartazgo e indignación provocada luego de que policías granaderos agredieran a jóvenes cursantes de bachillerato. 

Hecho que despertaría el gigante dormido en el corazón de los estudiantes de preparatoria y universidades como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) quienes exigían justicia, paz e indemnización por los daños atroces cometidos.

Su interesante hechura narra el pujante crecimiento de las manifestaciones que buscaban fin a las represiones y las problemáticas ante la nula e incompetente gobernabilidad por parte del presidente Gustavo Díaz Ordaz. Fijando principal atención en el pasar de los meses y el ascenso de las presiones que cada vez se hacían más frecuentes. 

Con cauteloso ritmo e inquietante contenido, muestra corte a corte la solidez y presencia de estos descontentos por toda la ciudad. Eje convertido en punta de lanza capaz de quebrantar la estructura gubernamental de aquellos días y exhibirlo ya que siempre buscaron espacio de diálogo otorgar para dar solución y culminar la resistencia.

Petición que el Gobierno nunca aceptó contrariando con desprestigio, manipulación de información en los medios de comunicación y la aseveración del uso de todas las medidas para restablecer la tranquilidad ante la encimada justa de los Juegos Olímpicos que habrían de celebrarse en el país.

Forjando una guerra en la que un bando tenía las armas y el otro las ideas, captando el ingenio mexicano para protestar a través de esa libertad dada a nosotros representado en carteles, panfletos, mantas, murales, quisquillosas tonadas y discursos intensos acrecentando la displicencia mientras más pasaban los días.

Llevándonos a octubre, en el cual, por medio de una dura, tormentosa y cruel narración traslada a la pantalla el caos, miedo, terror, violencia y sangre asediada por el Estado bajo el falso estandarte del compromiso de seguridad. 

Ese recorrido atroz forjado en fotografías amargas que guardan sufrimiento en todo su encuadre. Apuntalado por lo ecos de dolor y la voz activa del narrador que guía palabra a palabra la agonía del momento ensordecido por las balas, los insultos y el poderoso marchar de las botas militares que acallaron las voces idealista. 

Todo esto cimentado en su estructurada técnica que se adentra a las entrañas del hecho por lo audaz e íntimo de sus metrajes, lo fuerte de las imágenes y lo escalofriante de sus audios logrando una esencia muy ácida, además de la pantalla en negros para fijar en buena manera la cronología de los sucesos. Alimentado por la narración de Magda Vizcaína y Rolando Castro quienes utilizaron textos de la periodista italiana Oriana Fallaci y del Consejo Nacional de Huelga.

Cabe mencionar que todo el material audiovisual fue filmado por 18 alumnos del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y el Departamento de Actividades Cinematográficas de la UNAM, grabado en 16 milímetros en blanco y negro. Figurando entre los participantes Leobardo López a quien se le asignaría la dirección de la cinta poco después de la masacre. En 2018, la UNAM haría una restauración de toda la obra para mantener con vida esta historia. 

Así, este filme termina por ser un atisbo de crueldad y la muestra de que la unión del pueblo es capaz de despedazar a las formas de autoridad, aunque éstas se resguarden en el efímero manto del poder. Siendo otro más de los pasajes del libro negro de los crímenes, brutalidades e infamias en nuestro país que fueron cubiertas por oro, plata y bronce.

Qué incómodo son las verdades exclamadas, las que se cantan y las que se plasman en las paredes, ¡qué incómodo son los muertos cuando se habla de deportivismo, récords y alegrías!

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