Por Martín Félix

El espeso e intranquilo largometraje de Elem Klimov que representa un epílogo más de las penurias dejadas por la Segunda Guerra Mundial en zonas de Bielorrusia. Esta obra soviética es un trazo negro que pone sobre relieve el odio y la violencia, la ira y la venganza, el sufrimiento y las agonías que se encarnan tras la mirada de sus personajes con mucha fuerza para dejar entre visto sus enormes dolencias. 

Come and see es un viaje por la supervivencia y a su vez un retrato conciso de la perdida de la inocencia, de los estragos que carcomen la mentalidad y la transforman en dolor constante. De la resistencia ante las frivolidades y el sentimiento compartido de miedo, pero también de responsabilidad y en cierta forma patriotismo.

Mostrando el horror en las miradas, la desolación, la desesperanza, de una maduración obligada. De una sensación de acecho que crece paulatinamente, de poner y quitar esperanzas a los involucrados que ponen a prueba su templanza, fe y cordura que además los aísla y los somete a una catarsis profunda de lo que están viviendo. 

Creando una ruptura de todo ese conglomerado tras una marea de hórrida violencia que no es otra cosa que el desmoronamiento de la moral humana, de ver sus instintos más bajos y salvajes guiados por el odio, la indiferencia y las mentalidades hostiles. De observar su deshumanización, la ruptura de la sensibilidad, de cometer actos ruines como símbolos de victoria y poder. 

Prospectos que acentúan aún más la transformación de un perfil traumatizado, decaído y repleto sentimentalmente de angustia. Enmudecido a tal grado por el pavor, que estira y aprieta las fibras de la cordura, alcanzando casi la demencia que se encumbran con un gesto tan poderoso y ruidoso como la guerra misma. 

Un escandaloso rebobinado que inclina al odio de la figura de un hombre que fue capaz de despertar el infierno, quizá de un deseo tan intenso por evitar incluso su llegada hasta este mundo, una explosión sensorial que describe el sentir de todo un colectivo que simplemente se ve obligada a pagar con la misma moneda en nombre de una justicia clara y concisa. 

Donde podemos destacar la firmeza de sus primeros planos que no esconden nada, retratando enteramente la evolución para mal de un perfil adolorido, cansado y atrofiado por el acongojamiento, de igual forma lo bien trabajado de sus tomas larga y un uso de esteadicam bastante pulcro que permite ahondar en un detalle preciso las circunstancias de sus personajes, su pálida fotografía hecha por Alekséi Rodionov y el paisaje sonoro que rompe las líneas entre la tranquilidad y el pavor. 

Terminando por erigir una valentía engrosada y alimentada por las aflicciones, la sed de libertad y resarcimiento que se abre paso y sigue las huellas del enemigo para revertir su efecto a toda costa. De una liberación del miedo y la esperanza de salir avante.

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