Por Martín Felix

Cleo de 5 a 7 es enteramente absorbente y una coqueta pieza que combina una conjetura visualmente atractiva y dinámica invitando rápidamente a la estancia. Con esquelas casi poéticas de sensaciones que se amalgaman en la incertidumbre, la preocupación y la sugestión aunada a una multitud de puntos estimulantes. 

Aterrizando la narrativa entre adornos de glamour, belleza y líneas estilistas entrelazadas para florecer una problemática simple, pero, concreta. Vestida en el largo y duro proceso que llevará a cambios racionales de mucha importancia.

Apegada a la visionalidad de la muerte y los aires de inquietudes que éstos provocan en la blanda personalidad del ser humano, enfilando a la odisea por la búsqueda de ayuda, consuelo, compresión y compasión por las laderas de un conjunto emocionalmente distante que sólo la verán consumirse a sí misma por sus lamentaciones. 

La evidente postura del acechante hilo de vanidad acentuado ligeramente por el egocentrismo y la incredulidad ennegrecida por la falta de humildad, de sensatez y madurez. Estigmas convertidos en lastres penosos de disipar por las ideas necias arraigadas a la esencia del comportamiento.

Repasando la variedad de apreciaciones sobre los problemas y la percepción hacia ellos desde distintos lares. Echando mano del criterio sobre la trata de los inconvenientes que van desde lo esotérico, la fe o simple sentido común. Siendo golpes de fricción que apuntalan aún más los malestares y otros tantos buscarán dar un alivio temporal. 

Su ávida hechura repartida en micro capítulos, en los cuales, el tiempo es un factor muy presente e importante vemos el desfile multifacético y el desgaste psicológico agudo. Convirtiendo las fronteras emocionales en una montaña rusa de alegrías, decepciones, tristezas, enojos y miedos incrementadas en cada paso, bordeando con sutileza el terror encarnado del señalamiento, la crítica y el desprecio de la sociedad asediante. 

Llevado por la mano de Agnès Varda por su alto cuidado en los detalles, en los movimientos de cámara sumamente trabajados que habla de una excelsa técnica. Lo delicado de los dollys, atrevidos zoom y montaje vivaz de parte de Pascal Laverriére en compañía de Janine Verneau. Además del enorme portento para jugar con el espacio, refrescar planos y hacer más presentes sus matices. 

Terminando por ser una obra que palpa los límites de la existencia y toma a la vida cómo es: cruel, pero impregnada de momentos amenos dentro de su efímero aliento. Rompiendo las telas de la arrogancia en el escape desesperado de paz, misma que se ha de encontrar ajenamente de forma ecuánime y sincera, abriendo panoramas distintos para asimilar el temor, enseñando la calma para tomar los disgustos, la paciencia para combatirlos y la entera felicidad para sobreponerse a ellos. 

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