Por Juan Manuel F. Vidal

Una mirada incomparable en el mundo del cine es, sin duda, la del realizador polaco Krzysztof Kieślowski, quien a lo largo de su carrera logró consolidar y confeccionar grandes obras cinematográficas en donde, a través de ellas, llenó de grandes sentimientos al espectador con su imagen tan poética y evocativa sobre dramas románticos, apasionantes y conmovedores cuestionamientos, hasta dilemas morales con historias que pueden llegar a ser un tanto desgarradoras y que van desde los infortunios hasta el azar.

Tal es el caso de una de sus más grandes obras: El Decálogo (1988-1989), una obra cinematográfica que consta de 10 episodios, presentados como mediometrajes en donde, a través de su imagen tan evocativa, los personajes siempre mantienen una acción y no solo están ahí, parados como esfinges. Logra abordar a una de las construcciones morales occidental más influyentes y que permanecen hasta nuestros días: Los Diez Mandamientos.

Kieślowsk mantiene la relación mecánica del personaje con la realidad y con sus planos, en donde el personaje es muy importante, nos deja ver constantemente el signo de comunicación más básico que existe, el rostro, y en donde, con planos muy subjetivos e íntimos, como son los close up o el uso de primeros planos nos deja ver la verdadera intimidad y sentimientos del personaje, lo cual es un aspecto y un recurso bastante importante para poder contar, en El Decálogo, lo que vendría siendo su respuesta de Kieślowsk hacia Los Diez Mandamientos de Dios.

Junto con el guionista Krzysztof Piesiewicz y el fotógrafo Slawomir Idziak, logró plasmar en cada una de sus colaboraciones la esencia del pensamiento de los autores, produciendo imágenes evocativas, absolutas y únicas que reflejan la experiencia subjetiva e íntima de los personajes.

En Un cortometraje sobre la muerte, y en donde parte del metraje final se utilizó para contar el capitulo V de El Decálogo, se utilizan elementos visuales bastante poderosos, pues con la implantación de la cámara en mano nerviosa y el juego entre color e iluminación, se logra dar la representación de la historia del descenso de un joven culminado en un asesinato en la Varsovia comunista.

Sus primeros trabajos se centran en los cambios políticos y la transformación histórica de su país, iniciando con trabajos de corte documental y yendo hacia una transición de ficción.

En sus primeras películas como Hospital (1977) buscaba confrontar a las falsas representaciones del cine polaco, y a la falta de imágenes adecuadas a la sociedad real, pero después de filmar varios filmes de corte documental, se dio cuenta de que perdía cada vez más la realidad a la que quería representar, acercándose más a la ficción y regresando así a ella con Sin Final (1985), y en donde logró cuestionar y exhibir a las cortes polacas que dictaban sentencias absurdas frente a delitos de poca monta, como son la pena de muerte por hacer grafiti en paredes o leer periódicos clandestinos y que disgustó por completo al gobierno polaco y a la iglesia por considerarla inmoral.

Por otro lado, también tenemos su periodo en el cine francés, siendo su primera película en este idioma, La doble vida de Verónica (1991), y en donde aquí, nuevamente tenemos planos muy subjetivos y en donde se experimenta con reflexiones y movimientos de cámara para trasmitir el tema de la historia.

Tenemos también, en este periodo, su célebre y aclamada trilogía Tres Colores: Azul, Blanco y Rojo (1993-1994), la cual hace referencia a los valores modernos de la Revolución Francesa, teniendo como símbolo a cada color de la bandera francesa en cada una de las tres películas.

En cada una de ellas se explora de manera simbólica, poética e íntima, el duelo y renacimiento a través del uso del color, concediendo el espectador la herramienta narrativa para entender el mundo de una manera completamente emocional, a través de las historias de los demás personajes, que culmina en historias entrelazadas de una u otra forma y en dolores frustrados, como el inicio de una nueva vida, la despedida de una o el encontrarse en tiempos no correspondidos.

Esta trilogía hablará del espíritu de su propio tiempo y creará un vinculo con nuestros valores en lo más profundo de nuestra identidad.

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