Por Diana Paola Bautista Sánchez

A través de los años, México se ha considerado como un país con altos niveles de rezago en cuanto a temas considerados como tabú, ya que el nivel de moralidad se mantiene alto conforme a las creencias de sus pobladores, razón por lo cual la sexualidad provoca incomodidad entre charlas.

Durante la época de 1970 y 1980, dicho tema dio un giro impresionante gracias al cine de rumberas o ficheras, como es mayormente conocido, ya que por primera vez se observaban historias eróticas de manera implícita a través de la comedia y el albur, así como la exhibición del cuerpo femenino en la pantalla grande.

Las ficheras eran un grupo de mujeres que trabajaban en bares, cabarets o locales de venta de alcohol, las cuales incitaban a los clientes al consumo por medio del acompañamiento y baile. Por lo tanto, por cada bebida que se consumiera se les era entregada una ficha, misma que al finalizar la jornada laboral se canjeaba por dinero.

Dicha forma de trabajo atrajo la atención de diversos productores, los cuales comenzaron con la realización de filmes bajo este concepto. El primer producto de la clasificación fue titulado Bellas de noche, de Miguel Delgado, el cual marcó el inicio de una nueva época controversial: por un lado, tuvo un impacto positivo en el consumo de la población, pero por otro, posicionó al cine mexicano en una categoría menor debido a la producción masiva y de bajo presupuesto.

La situación económica que se enfrentaba en el país era crítica, por lo que era necesario mostrar algunos acontecimientos a través de productos audiovisuales, mismos que reflejaban las características de la población, mostrándoles así una razón de lucha a través de la sexualidad.

Las temáticas eran historias de personas comunes de clase media, que gracias a su astucia y simpatía lograban obtener la plenitud erótica de sus deseos.

El cine de ficheras no es clasificado como pornográfico porque la parte sexual no era mostrada de manera directa, sino a través de chistes y drama. Los nudos o clímax de las historias en casi todos los casos eran provocados por dichas mujeres.

Cabe resaltar a Sasha Montenegro, Maribel Guardia, Lorena Herrera, Carmen Salinas, Lyn May, Lina Santos, Olga Breeskin, entre otras, que fueron las actrices más cotizadas del género.

Otro tema importante que no tuvo gran relevancia, pero que comenzó con la lucha del tabú a través de la picardía fue la homosexualidad. Durante las historias se observaba la presencia de hombres ‘afeminados’, que de igual manera buscaban a su pareja ideal entre los visitantes de cabaret, formando parte de los antecedentes temáticos para la normalización en una sociedad conservadora, a pesar de ser estereotipados.

Pareciera que el contexto ideológico no permitiría la proyección cinematográfica del concepto, pero no fue así, ya que la mayor parte de la población lo tomó a la ligera, incluso en los estrenos, las salas de cine quedaban abarrotadas mostrando así su éxito, además de formar parte de una expresión de libertad del cuerpo femenino que anteriormente era un prejuicio.

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