Por Diana Paola Bautista Sánchez

Actualmente la generación o reproducción de estereotipos ha sido un tema de gran controversia para la sociedad, debido a la conceptualización negativa y a la generalización de falsas creencias en los diversos grupos o comunidades. Por lo tanto, se ha comenzado con su erradicación por medio de la modificación.

Esta lucha ha tomado un lugar importante para los estudios con enfoque de género, ya que la imagen de la mujer se ha visto reprimida a lo largo de los años por la misma situación.

Cabe destacar que, en una parte de la historia a través de los estereotipos, el personaje cómico de La «india» María, caracterizado por la actriz María Elena Velasco, logró visibilizar el empoderamiento en situaciones que, para la época de 1970 a 1980, aún eran inimaginables, logrando así un éxito inaudito.

El personaje icónico surgió a principios de la década de 1970, gracias a las caravanas artísticas que se realizaban para ejemplificar a las comunidades indígenas en el país.

Posteriormente, fue presentada en el programa televisivo Siempre en domingo, perteneciente a Televisa, generando popularidad que la llevó a acaparar la pantalla grande.

Su nombre fue atribuido de acuerdo a dos versiones. La primera hace énfasis a las mujeres de origen indígena que eran bautizadas con el nombre de María, como parte de una homogeneización en la evangelización, haciendo alusión a la madre de Jesús.

La segunda versión fue desarrollada de acuerdo a la denominación de las mujeres de las comunidades Mazahuas, que migran desde las zonas rurales a la ciudad debido a las fuertes crisis económicas, con el objetivo de vender algunos productos a las orillas de las calles para obtener recursos.

Son mejor conocidas como “Marías”, aunque de igual manera se les antepone el terminó “indias”, como parte de la cultura racista y clasista, con las que son nombradas de acuerdo a sus raíces.

Dentro de su vestimenta e imagen también se representaba dicha cultura, enfatizando los estereotipos, incluso llegó a formar parte de la exageración, ya que para la sociedad las mujeres indígenas eran sumisas, tímidas, recatadas, torpes y solidarias.

El personaje se encargó de multiplicar las mismas, pero con un toque cómico, esto la llevó a enfrentarse a situaciones inimaginables, donde el género femenino aún no tenía acceso.

En sus historias lograba enfrentarse a criminales, entrar al baño de hombres o a lugares lujosos donde las personas de dicha etnia no eran permitidas.

De igual manera fue considerada como un símbolo de rebeldía hacia al gobierno, porque visibilizaba de manera implícita actos de corrupción o injusticias, los cuales eran vividos de manera cotidiana.

Títulos como El miedo no anda en burro, Tonta, tonta, pero no tanto, El coyote emplumado, Ok, mister Pancho, Las delicias del poder, Ni Chana, ni Juana, entre otros, llenaron las salas de cine en sus lanzamientos, impactando mayormente a un público de bajos recursos.

Hoy en día cada una de sus películas forma parte de la cultura mexicana, aunque de igual manera ha sido criticada por perpetuar una imagen racista de la mujer indígena, postura que ha generado debate y opiniones encontradas entre la visibilidad de la época y la actualidad.

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