Por Diana Paola Bautista Sánchez

El mundo del cine mexicano tuvo una gran evolución desde las filmaciones del cine mudo, logrando alcanzar su momento cúspide en la época de oro hasta llegar a su decaída en la década de 1970.

Las películas obtuvieron gran reconocimiento por las grandes historias y actores que lograban cautivar al público con cada una de las interpretaciones de sus personajes. Sara García, mejor conocida como “la abuelita de México”, es un ejemplo de ello.

Su carrera dio inicio a temprana edad, descubriendo su talento gracias a las actividades que realizaba como parte de su formación en el Colegio de las Vizcaínas, en la Ciudad de México, donde tenía que representar junto a su clase algunas obras teatrales.

Más allá de los trabajos escolares, comenzó a surgir un gran interés por el área, visitaba de manera continua las instalaciones de Azteca films para contemplar el trabajo realizado sin que nadie se diera cuenta de ello, hasta que un día fue invitada para participar en la película En defensa propia, mediante un papel sin paga, donde logró impactar en la pantalla grande para dar paso a los próximos proyectos.

Su primera aparición dentro del formato del cine sonoro se dio en 1933, con el largometraje El pulpo humano. Para esta época aún continuaba intercalando su tiempo entre el teatro y los sets de grabación.

Para el siguiente año realizó por primera vez un personaje de abuelita, sin pensar que en los próximos años ocurriría un acontecimiento que marcaría de por vida su historia.

La responsabilidad y su gran pasión por su trabajo la caracterizaban, al grado de mandar a sacarse 14 dientes solo para obtener un papel en la obra Mi abuelita pobre.

Además de eso, decidió mudarse a un lugar completamente distinto para poder practicar su actuación, pasando desapercibida entre los mercados con su maquillaje y vestuario.

Su personaje de abuelita logró cautivar al público, por lo que varios productores la comenzaron a llamar para que participara en sus proyectos, representando a una persona de la tercera edad, que en algunas ocasiones mantenía un temperamento dulce y en algunas otras un carácter fuerte o estricto.

Su popularidad comenzó a crecer hasta convertirse en un icono del cine mexicano, donde su nombre acaparaba las entradas de los fanáticos en cada uno de los estrenos.

En un principio, la actriz se vio obligada a dejar su enfoque preferido, la comedia, para poder interpretar a la abuelita, incluso una importante marca de chocolate de mesa compró su imagen para representar su producto, mismo que hasta la fecha sigue vigente.

Por lo tanto, haciendo un recuento, su carrera artística dio inicio a partir de las primeras producciones cinematográficas formales en el país, continuando con el cine de oro, donde trabajó con personajes como Pedro Infante, quien le tenía un gran cariño, ya que le había brindado conocimiento y enseñado el sentido de compromiso, reivindicando su carrera.

La época dorada finalizó, pero siguió con sus actuaciones en producciones de ficheras, siendo su última aparición en la película Sexo vs sexo en 1980, donde el cine decayó casi por completo.

Sara García es una de las únicas actrices que logro permanecer durante el surgimiento, desarrollo y casi conclusión de pantalla grande en México, logrando hilar todas las historias con un mismo personaje, acción que no muchos artistas han logrado.

“La abuelita de México”, a pesar de su muerte hace poco más de 40 años, continúa siendo recordada por las familias que, en muchas ocasiones, se sintieron identificadas por sus historias. Por lo tanto, su legado continuará permaneciendo por generaciones, incluso con una sola taza de chocolate.

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