Por: Yulissa Ortiz Galindo

Es difícil imaginar una película del clásico Hollywood en donde la violencia, las drogas y la infidelidad fueran algo muy normal, o que conductas liberales y pecaminosas fueran alabadas, pero durante cierto tiempo estos contenidos salvaron a la industria de irse a la quiebra.

Cuando se introdujo el sonido, en el margen de la Gran Depresión, Hollywood se vio obligado a reinventarse: debía ofrecer un producto llamativo, ya que en los cines también se reflejaba esta crisis nacional.

Mujeres amorales y dominantes, femme fatales, hombres que no recibían ningún castigo por sus crímenes, escenas sobre sexualidad y prostitución, entre otros temas polémicos, como la homosexualidad, maltrato infantil y el aborto, fueron parte de la nueva era cinematográfica que se vivía en Estados Unidos.

Actrices como Barbara Stanwyck, Jean Harlow, Marlene Dietrich, Greta Galbo y Claudette Colbert tuvieron su auge en esta época tan controversial, haciendo que su belleza y su talento generaran películas muy taquilleras.

Después del estreno de Madame Satan, donde los desnudos y escenas orgásmicas fueron aclamadas por el público, el director de la Motion Picture Association Of Producers and Distributors of América (MPPDA), William Hays, supo que esto debía frenarse por lo que implementó un código de producción donde se hacían “recomendaciones” acerca de lo que no se podía mostrar en un filme.

Al poco tiempo de su distribución, el código Hays quedó en el olvido, ya que las grandes productoras no querían cesar con su espléndida fuente de ingresos.

Sin embargo, la gota que derramó el vaso fue Queen Christina (1939), con evidentes escenas de lesbianismo y lenguaje blasfemo que hicieron que la Liga de la Decencia encabezara una cruzada en contra de este contenido “inmoral”, boicoteando estrenos y distribución, así como dando charlas sobre la pornografía de las películas.

Esto causó que todas las películas pasaran por una estricta revisión basada en el código Hays que se dividía en dos: la primera parte abordaba la moral que debían seguir los flimes y la segunda trataba de contenidos totalmente prohibidos.

Las películas que fueron reestrenadas estaban totalmente cambiadas, como King Kong (1930) que fue proyectada después de 1934 sin la escena en la que Kong arranca la ropa a Fray Way y la olfatea excitado.

La más extrema de las decisiones la tomó Jack Warner cuando destruyó todas las copias de Convention City (1933) porque no la reestrenaron completa, hoy sigue siendo una película perdida.

Dicho código se implementó hasta 1954, ya que la influencia del cine europeo y los nuevos estereotipos daban paso a la reinserción de este tipo de contenido prohibido.

En 1968 el código Hays tuvo unas variaciones y hoy en día sigue vigente dentro de la industria del cine.

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